Hoy me siento entrañable en torno al calor de la fogata para hablar de los cuartos oscuros.
Nos sentamos junto a una puerta misteriosa y alicatada.
Entraban femeninos, osos, viejos, ansiosos, no dejaban de entrar, curiosos, tediosos, rabiosos, haambrientos, nerviosos.
Salian de la puerta con cara de susto, otros sudorosos, otros aliviados,
de la puerta corriendo temerosos y desordenados.
Esa puerta misteriosa del cuarto oscuro,
nunca entré ni me puse los huevos duros,
aunque debí probar por el alero, y ponerle a los huevos salero,
Salian los osos sin camisa, los femeninos espantadas, una perdida vieja lunfarda cojeando
como el guijarro que queda de un saco.
Imaginaba un pene largo y peludo libre sin ninguna ligadura,
vacilando entre las fugitivas comisuras
de los labios de jovenes ladinos,
las manos ancianas agitando el espanto,
despues del placer de tantos,
en tropel ni orden, confuso sigilo,
van sombreando las baldosas del oscuro latino
cuarto oscuro, con el celo duro,
sin acabar de abrirlo...
(Con este poema ya estoy a la altura de Tito Livio...XDDD)
Asi fue la visión del cuarto oscuro en torno a la fogata
de postreras tocatas
de piernas y torsos,
ese cuarto oscuro que todos los femeninos abominan y reniegan
al que todos zorramente llegan
para sus postreros desatinos,
y los osos vespertinos,
usan de sus jaulas perversas
ppara los niños malos y retorcidos.
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